Redención cíclica.

Lo siento pero no. La culpa no es de tus padres. La culpa no es de esa botella de ron, a la que solo le falta el culo para vaciarse. La culpa no es de esos amigos que te dejaron de lado. La culpa no es de esa novia que se fue para jamás volver. La culpa es tuya. Tú tienes la culpa de todo.

Y debido a esa culpa, a ese remordimiento, al saber que le has dado dinero de menos a la cajera, al saber que has cogido dinero del cestillo de la iglesia, al saber que por las noches llegas al éxtasis, a veces solo y a veces no. Al saberlo todo. Porque lo sabes. Por eso te remueves.

Y por ello ahora estás ahí, tirado, nauseabundo, putrefacto, esperando una botella de agua del cielo que te calme la resaca, que hasta ahora no parece que  pueda superarse por medios naturales. Quizá deban extirparte una parte del cerebro para superarla. Esa que no volverá jamás. Pero con todo, y con esas: la culpa es tuya.

Ayer pasó lo de siempre: cuando comenzó la tarde estabas en casa, y pensabas no salir. Después te propusieron un plan tranquilo, la versión “chillo ut” de cualquier plan. Casi te veías allí, en tu hamaca, con una copa y música tranquila.

Cuando te quisiste dar cuenta eran las 5 de la madrugada. Había alguna anécdota que otra, pero todo se resume en un enorme dolor de cabeza que hace girar la cama en una interminable espiral de colores y desenfreno.

La cama, que no descansa, gira sin cesar por un agujero negro, que te lleva a una quinta dimensión gobernada por gatos. Los gatos dominan el mundo. Adoramos a los gatos.

  • ¡OOH, gran gato, apiádate de mi, que soy pecador, que necesito redención, que soy culpable, que tengo remordimientos!.

Después de aparcar la cama en lugar seguro para poder volver de nuevo a tu dimensión, das cuenta de que no son solo gatos. Las personas caminan con una extraña cojera, son mitad calavera, son mitad humanos, pero tienen pezuñas de gato. De repente te ves entre ellos, tienes hambre, pero no quieres comer. Estás desnudo, porque nada te vale. No te quieres, porque el gran dios gato lo dice así.

Al fondo hay un edificio en forma de barco, parecieras estar cerca del mar, aunque vives en Europa central. Nada tiene sentido. Estás en otra dimensión, no sabes valorar lo que es real.

Interrogas al dios gato, crees que vas a morir, tu parte humana se desvanece… ¡necesitas redención!

  • ¡O me arrepiento ahora o nunca!

Le pides redención al dios gato, él te la concede. Y de repente estás de nuevo en tu cama, fresco como una rosa. En tu dimensión natal.

Pero en realidad, para lo único que te has preparado, es para poder redimirte la próxima vez.

No eres modestia

No es de ser tonto que te amo. Que te quiero con locura. Que los locos que le gritan a la luna no son locos si me encuentro a su lado. Por tí, muevo el culo, corro y curro. No soy tonta si te digo que te quiero, o si te digo que desde el primer instante que te vi fue un flechazo irrefrenable, que hace años que te extraño, que te anhelo a mi lado y que siempre por una cosa o por otra no te veo. Cuando apareces me apasionas, me dan vuelcos en el estómago y además me haces quererte a cada rato un poco más. Pero sé que eres libre y cómo yo te quiero te dejo a tus aires, viviendo la libertad que yo ansío, pero de la que carezco por quererte.

Cuando estoy a tu lado siento que somos uno, las horas no son horas sino milésimas, haces que se me erice la piel. Deseo a cada segundo quererte. A veces estoy chiflada por solo pensarte, soy lunática, demente, perturbada…soy la que te busca cada noche entre la maraña, la que te lleva consigo en sus pensamientos, la que te oculta en una mochila, en un bolsillo, la que se queda en casa por estar contigo, por pensar en tí.

Y hoy…hoy has vuelto, no es por modestia, es que soy mala, pero me encanta tenerte a mi lado.

Bienvenida, escritura. Bienvenida cordura. Es un placer estar aquí, lectura.

Published in: on abril 22, 2015 at 3:13 pm  Dejar un comentario  
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Ya no sueño contigo

Hoy he soñado contigo, como tantas otras noches, me mirabas a los ojos y las tontas mariposas de mi estómago revoloteaban dejando aparecer en mis mejillas un rosado color al que no está acostumbrada mi blanquecina piel.

Hoy he soñado contigo y mi subconsciente una vez más me engaña y me hace ver cosas que mi consciente oculta, mi subconsciente saca a relucir todo lo que se ha procurado esconder, como si fuese un juego, como si por las calles de mi barrio paseásemos con cinco años en la edad y buscando nuevos momentos con los que curiosear.

Hoy he soñado contigo, y lágrimas me caían de mis ojos cuando el terrible y odioso sonido del despertador me ha separado de tu lado, cuando mis ojos han dejado de ver tus ojos, cuando he dejado de tocarte y me he despertado completamente desorientada y sola, con la dureza de un caballero y su espada, con su frío corazón y con la nobleza perdida de quién la vergüenza le hace perder el amor.

Hoy he soñado contigo y al despertar estaba perdida en el tiempo, los minutos no se correspondían con las acciones, el reloj me dictaba una rutina que no estaba dispuesta a cumplir porque el cerebro sólo me dejaba pensar en ti, pero en el tú de mi sueño, un tú que no eres tu, que no se corresponde, que por ende no existe.

He bajado las escaleras cual huracán, he desayunado las fabulosas naranjas del mercado exprimidas en un zumo, he visto la televisión, he leído y he reído. He ido al centro para estudiar y me he topado con amigos, he comido y he dejado ver que soy normal, que no pienso en ti.

He desatado mi rabia contra el papel, he traicionado a mi subconsciente mediante mi consciente, he roto cada centímetro en tus fotos, te he borrado como mi amigo de facebook, te he calumniado y admirado y he hecho que la contradicción se apoderase de mi ser y de mis letras.

He crecido, he evolucionado y ya no estabas, por la tarde ya no estabas pero… por la noche me acuesto sola y espero soñar contigo, hay un silencio, me encuentro contigo y todo se olvida mientras me abrazas.

Noches de idealismo, realismo y desenfreno.

Se me revuelve el estómago sólo de pensar lo recurrentes que son las conversaciones que tengo últimamente, no es que del tiempo se me hable, ya que este tema de conversación completamente vanal y detestable es mas propio de canales de televisión con menos ropa que cerebro, y con mucho ánimo para sembrar el pánico y la histeria ante copos de nieve o calor en verano, ¡Dios mio! ¡Sálvese quién pueda del calor y del frío!.
No es eso lo que me tiene sin comer, sin beber y desvelada por completo, son las buenas conversaciones cerveza (o no) en mano en las que se me repiten sueños idealistas y pesimistas tan Shopenhaureianos que asustarían a la mas cultas de las enciclopedias, todo esto sin indagar demasiado en Shopenhauer,(el insconciente es algo a abordar por filósofos y científicos hasta que nos quedemos si papel).
Me preocupa sobremanera el darme cuenta de quién soy, el descubrir un día que puedo tener un derecho y un revés, el verme a mí misma dándo la vuelta a mi piel y comenzando a vivir y sentir desde los huesos en vez de desde la dermis.
No sé quién soy y no quiero saberlo porque da miedo.
El miedo, el pesimismo, la concepción de la realidad y del concepto de sentido, y el infinito planteado desde la finitud son los cuatro dilemas y las claves que se me repiten hable con quién hable. Es de tal forma y en tan diferentes lugares que asusta, que a veces no puedo mas que coger mi mochila y mi abrigo y poner pies en polvorosa ya que me da tanto, tanto miedo que la concepción de la realidad con la que me enfrento desde mi finitud se vuelva tan esencialmente pesimista que no pueda alcanzar la finitud y me sumerja en una espiral de infinito desconocimiento ante el mundo.
Planteo mis objetivos y mi vida desde mi finitud y el sólo hecho de ver la película de “Cocoon” (que a nadie recomiendo) me hace ver cómo me sería imposible vivir la vida frenética que llevo, o si quiera sentarme frente al ordenador a buscar informaciones varias si no fuera porque la muerte me acecha a cada segundo, a cada mala pedalada de la bici, a cada carrera hacia al tren y, ¿por qué no? También mientras estoy ahora mismo aquí sentada me puede sorprender.
No me vería en absoluto molesta si ahora me alcanzase el tiempo del Hades ya que de una forma u otra durante mi vida habría sido consciente de la finitud y habría hecho todo lo que estaba en mi mano por aprovechar el tiempo. El problema sería el contrario, el pensarme infinita y darme cuenta un día de mi finitud, suerte que somos bastante realistas como sociedad en ese sentido, y en seguida procuramos llenar todas las ciudades de cementerios, alejados pero presentes, ¡que a nadie se le olvide que se va a morir!.
Por terminar, y sabiendo que abro mas heridas de las que cierro con estas palabras, no quisiera poner un punto final de los finales sin antes comentar en varios puntos seguidos, lo que me ha incitado a pensar en este idealismo pesimista basado en la realidad (permitidme la contradicción por favor y no la tengáis en cuenta), eso que ha dado pie a todo esto no es otro que Celan y su absurdo con el que da presencia a todo lo humano, no es mas que poesía (si es que esto es poco), es arte de la mano de la experiencia es arte “idealista” (me mataría si lo leyese Lenz, lo se), pero realista en estado puro. Es tan bello que el arte se entremezcla con la realidad en un sutil momento que va y viene, imposible de percibir, el momento en el que un objeto, o una simple pincelada se convierte en un objeto digno de admiración, en una expresión y en un momento único de la historia.
Estoy fascinada, no lo puedo reprimir y en mis palabras agolpadas se ve. Acabo de ver, de conocer como la locura de las palabras no es mas que una parte de la realidad plural interpretada a través de un único momento de realidad, y vista desde un punto de vista artístico todo ello acompañado del subjetivismo propio del individuo finito y pesimista. ¡Increible! (o no, claro, eso se lo dejo a usted).

Arte y locura

A veces, tenía tantas ganas de gritar que el miedo a quedarse afónico sólo por intentarlo le impedía si quiera moverse. En otras ocasiones lloraba de rabia, de tristeza, de frustración…
A veces un lamento recorría su cuerpo que se estremecía a cada inspiración, pero otras veces la felicidad era tan suprema que nadie hubiera podido robarle la sonrisa, ni la mas triste de las noticias, ni el mayor pesar del universo.
Casi no existía el termino medio, y cuando se hacía presente la incomodidad gobernaba su cuerpo y apretaban las ganas de quitarse la piel a tiras, a pedazos, a mordiscos o a golpe de tijera afilada si hubiera hecho falta.
En muchas ocasiones consumía sustancias estimulantes y se escondía en un mundo en el que toda la sensibilidad se hacía presente en su cuerpo, que estaba siempre a flor de piel, estremecedor y escalofriante. Con el vello a de punta, con el sentimiento por bandera y con el sentir como único objetivo del momento, y ¿quién sabe?, puede que también como único objetivo de la vida.
Sentir nuevas sensaciones era su único y mejor aliado para crear esa sensación de incertidumbre hacia su interior que le daba una angustia muy favorecedora para la creatividad. Creaba porque plasmaba lo que tenía en su interior y con ello se hacía mucho más fácil y relajante poder comprenderse a sí.
Era un constante no conformismo con la realidad que lo rodeaba, era un artista con la enfermedad mental del artista, un artista que creaba sin cesar y sin dar valor a sus obras. Era alguien no valorado ni por sí mismo con el único afán y la única obsesión de sentir y crear lo sentido.
Llegó el momento esperado, el día en el que los materiales para el nuevo proyecto pensado llegaban, algo se había forjado en su cabeza, algo de lo que no se podía escapar, una idea que iba y venía, un ataque de lujuria, de furia, de fuerza, de miedo, de alegría, de tristeza y era tan necesario llegar a expresarlo como el hecho mismo de pensarlo.
Llegó el día y en su pleno auge, en el mismo momento en que se daba cuenta de cómo la obra cobraría el sentido y pasaría a formar parta de los anales, ahí se dio cuenta de cómo su productividad se había mermado, había descendido la calidad en el pleno momento de creación y ahora tenía un brote de depresión qué hacía caer en picado su pirámide interior de la felicidad, que hasta ahora había estado en lo más alto de la gráfica, superando las medidas de las coordenadas cartesianas que intentaban acotarla, pero que a su vez ayudaban a llegar al infinito. Ésa felicidad infinita que aceleraba a cada instante, paró un segundo en seco, recapacitó y descendió a toda velocidad, aún más deprisa de lo que había subido para llegar a una depresión.
Así es como los demás se dieron cuenta de todo. Así es como los demás pudieron hablar hasta crear los rumores mas raros jamás oídos en la historia del barrio. Así es como se comenzó a relacionar la sensibilidad con el artista, el artista con la creatividad y en ocasiones como esta, la creatividad con la esquizofrenia. Porque éste artista era como todos aquellos artistas esquizofrénicos que en su brote psicótico creaban como nunca y en su realidad sufrían como ninguno. Porque el arte que salia de sus manos hacía posible su vida, hasta que dejó de hacerlo y porque así expresaba lo que nadie puede definir, lo que nadie quiere investigar, lo que los psicofármacos quieren callar y lo que los doctores no quieren tratar y deciden atar.
El arte no se ata, se expresa.
Todos tenemos alguna vez la necesidad de gritar: Yo grito, tú gritas, él grita…
Belisa

Historia de vida: Juan Antonio

El 16 de Octubre de 1935 nacía en un pequeño pueblo de Segovia Juan Antonio Contreras Merino.
Juan Antonio, llamado en su pueblo “Safari” por su gran afición a los animales fue un niño que se crió sin padres, cuando tenía cinco meses mataron a su padre en la guerra, y este hecho marcó su vida para siempre; siempre estuvo en su recuerdo aquel que nunca conoció.
La Señora Gabina, madre de Juan Antonio, le contó cuando ya era mayor que su padre nunca había hecho la mili debido a excedentes de cupo y que cuando le llamaron a filas salía del pueblo con mucho miedo.
Desde su pequeño pueblo en Segovia, mandaron a el padre de Juan Antonio a Badajoz dónde estuvo dos días, y de ahí fue trasladado a Caravanchel bajo. A los ocho días de estar en filas, el padre de Juan Antonio murió debido a una bala perdida, le dieron en los sesos.
Al terminar la guerra, Gabina buscó a su marido, pero no lo encontró por ningún sitio, ni por ningún cementerio.
La señora Gabina, trabajó en el comedor del asilo social, dónde daban de comer a los niños pobres, para poder sacar a su hijo adelante, y por este mismo motivo, cuando Juan Antonio tenía 5 años la señora Gabina volvió a casarse con un hombre, también viudo y también con descendencia previa, (las hermanastras de Juan Antonio: Teresa y Amparo).
Para Juan Antonio, las figuras de autoridad eran su abuela y su tía, ya que su madre y padrastro pasaban el día trabajando. La abuela de Juan Antonio era una luchadora nata, como toda mujer de su época, llegaron a meterla en la cárcel por “roja” y discutía día si y día también con su marido que se consideraba de “derechas”.
Cuando Juan Antonio tenía 15 años, reunió todo el valor posible para poder hablar con el General de su pueblo, Don Alberto y preguntarle por su padre. Don Alberto, después de escuchar de mano de el joven Juan Antonio cómo Gabina había buscado a su difunto marido después de la guerra, aseguró que el susodicho estaba en una fosa común, pero que no recordaba exactamente dónde debido a la cantidad de cadáveres y la cantidad de fosas que vio en tiempos de guerra.
La pasión de Juan Antonio o “Safari” por los animales, que se ha mencionado al principio, le venía también debido a el trabajo que desempeñaba su padrastro, era guarda del pinar de Valsaín (Segovia), y con un sueldo tan pequeño como el que tenía, se dedicaba a poner cepos por todo el pinar para darle a sus hijas, hijastro y posterior hijo menor(Miguel Ángel), algo de comer.
El padrastro de Juan Antonio, pese a haberle enseñado muchas cosas sobre el bosque y la caza tenía un pequeño defecto, y es que en algunas ocasiones pegaba a Gabina, como todo maltratador, sin motivo, sin decencia y sin perdón. Una tarde, Juan Antonio escuchó llorar en la cocina a su madre mientras pelaba patatas y decidió hacer algo que nunca había hecho, al llegar su padrastro del pinar, le recibió escopeta en mano y apuntándole haciéndole prometer que jamás volvería a poner un dedo encima de Gabina, y aunque por las malas, jamás volvió a poner un dedo encima de su mujer.
Juan Antonio fue un gran amante de los animales, sin estudios se convirtió en el veterinario del pueblo, en el recoge-pelotas del campo de tenis, en el ayudante de la tienda de ultramarinos, en el ayudante en la fábrica de cristal, en el encargado de la fábrica de cristal, en el novio de Pilar Hervás Vallés…en mi abuelo, que como su padre ha muerto en una batalla, en el caso de Juan Antonio no una batalla que congregase a toda una nación, congregaba a mi familia a estar más unidos que nunca, habiendo salido bien de una operación a vida o muerte, pero habiendo tenido que enfrentarse a sí mismo al convertirse, de la noche a la mañana, en el niño que fue en 1935 y que volvió a ser antes de morir, eso si, sin perder nunca la sonrisa pícara y los preciosos ojos azules.
¡Y viva el vino que me enseñaste a degustar, y los huevos fritos con patatas que tan contento te ponían!

PD: -¿Quieres que te lo cuente otra vez?
-Sí.
-Que no se dice que si, que se dice que no…

Lector

Son las 4.43 de un jueves mañana o un miércoles noche, cómo lo prefiráis ver. Estoy de erasmus y acabo de llegar a casa después de una gran fiesta. En estos momentos me consta que la gente suele llegar y acostarse. Yo llego y explico a mis invitados como vamos a mal-dormir, me conecto, abro una página en blanco, la miro, me responde con su brillo y comienzo a escuchar como mis dedos se agolpan sobre el teclado. La música de The kooks que spotify me permite oír da a la velada un ambiente de lo más romántico a mi parecer, el amor que tengo por este tipo de momentos es mayor que el que jamás podré sentir por una persona, amo los momentos, los buenos momentos.
No, no soy normal y no quiero serlo.
Esta noche me pregunto por cómo serán esos personajes que muy de vez en cuando caen por aquí por casualidad, esos personajes que buscaban pornografía (si, lo sé y no es difícil debido al título del blog), y se han encontrado con un desnudo metafórico (debe ser un chasco enorme).
Mi lector por excelencia es un bicho verde, sentado delante de su ordenador del ciberespacio y mirando a la vez que esta miles de millones de páginas. A mi lector le ilumina un flexo gris de ikea, de esos de 10 euros, ya que siempre es mejor invertir en letras que en iluminación.
Es gordo y no del todo agraciado (y espero que esto no ofenda a nadie), pero lo que no se puede negar es que llegar a esta página implica mucho desarreglo físico y mucho aburrimiento y horas tiradas a internet.
Ése y no otro es mi lector, así os imagino, un bicho verde y marginado, una especie de Codos de “los Simpson” pero en versión aún más friki, más interesado por los sentimientos de los demás y por la forma de expresión que tenemos diferentes seres humanos, y lo que utilizamos cada uno como hobbie, como ocio, como necesidad, como droga, como desahogo y mil palabras más que podría utilizar para expresar lo que es esta página, ya no tan en blanco.
Lector, eres único, eres especial, eres raro, eres avispado, eres mi admiración. ¿Cómo explicar lo que siento por ti? Una pasión irrefrenable, los segundos antes a tirarse por un precipicio, el mirar a los ojos a la persona que quieres antes de un beso, el segundo después de un orgasmo y el segundo antes, cuando ves que alguien te tiene cariño, cuando tus amigos llegan la casa con globos y regalos, cuando te van a buscar al fin del mundo, una reconciliación después de una gran discusión…Todo eso, y más.
Lector, llevo días pensando en ti, eres mi momento feliz de la semana, son las 00.00 de un jueves noche o un viernes mañana, he de confesar que entre unos párrafos y otros de este texto he parado de escribir, me he dado a la bebida como los grandes escritores (y con esto no pretendo decir que soy uno de ellos, sino imitarlos y coger hábitos insalubres) , y después he vuelto a escribir.
Peor, mucho peor que la droga, la escritura. Mejor, mucho mejor que un orgasmo, el ser leído por desconocidos lectores de los que todo se puede imaginar y nada se puede saber.
Gracias se queda corto, cariño es insignificante, las palabras nunca llegarán a los pies de los sentimientos, pero el poder explicar con más o menos acierto un ápice de un sentimiento ya me crea un gran amor por cada letra de este blog, y por cada letra escrita por alguien que desea expresarse o desahogarse o…

Esperando a Godot

Desde que tuve ocasión de acercarme al teatro de lo absurdo, (mal así llamado a mi entender), la obra “Esperando a Godot” me ha estado persiguiendo a lo largo de los acontecimientos de mi vida.
He tenido la oportunidad de verlo en teatro, de leerlo, de comprar un ejemplar e incluso de perder ese mismo ejemplar y robar otro, ya que no podía soportar el no verlo en mi estantería y saborear cada letra siempre que se me antojara.
Una vez más, este año Godot se ha cruzado en mi camino, esta vez en italiano y en una clase de estética contemporánea, que muy poco tiene que envidiar a las clases de estética de Nietzsche que daba en mi añorada Universidad Autónoma de Madrid.
Fue en el momento cuando empezamos a recapacitar sobre lo que ocurría en la obra, que un alumno de la clase se aventuró a decir: “No ocurre nada durante los dos actos”, y la profesora ante mi atónita presencia dio una afirmación positiva a lo que todos acabábamos de oír.
Quizá para ellos no ocurra nada, pero para mi Godot es la historia de mi vida llevada a teatro, y eso para mi, no puede categorizarse como “nada”.
¿Quién es Godot? Se preguntarán los pocos lectores que entran en este blog, pues bien ni el mismo Beckett sabía quién era Godot, de lo contrario no se lo hubiera callado. Pero lo que si que se es que me paso la vida esperando, durante la semana espero el sábado, el sábado espero la noche, en la noche espero un ron con limón…Este ejemplo es banal, pero si que es cierto que espero, sin saber muy bien a qué.
Ahora mismo espero tanto a largo como a corto plazo. Una espera como esta creo que es específicamente humana, y se necesita armarse de paciencia hasta niveles insospechados para que no te den ganas de gritar a cada segundo.
Espero a que el destino me alcance, a que no sepa como responder a los acontecimientos, a que todo lo que tengo planeado se cumpla. Y aún así yo sé de buena tinta, que Godot no espera a nadie, que aparece cuando le viene en gana y desaparece pocos minutos después, que debo de estar agradecida si le place mirarme, que Godot es el destino inalcanzable, es la persecución del daimon, el mismo que tantas veces me he cansado de esperar, pero que sigo esperando como la tonta que soy.
No sé muy bien qué postura es la más adecuada para tan larga espera, y me empiezo a incomodar en mi asiento de mimbre, tampoco sé bien qué hacer en el momento en que me digan que Godot no va a venir y que tengo que esperar a mañana.
Espero a mi Godot particular, todos tenemos uno, ansío el fin de la espera, que nunca llega, y estoy completamente segura de que al final del camino, cuando vea la luz y esté a punto de alcanzarla, Godot habrá huído, o quizá habrá cambiado tanto que no pueda reconocerlo, o simplemente se habrá ido lejos de mi, tanto que tendré que esperar de nuevo a algún otro Godot.

Laura

Laura estaba en su asiento del autobús, el que solía escoger cada mañana, mirando como buena pasajera al frente, y sin pensar en nada en concreto, cuando una enorme valla publicitaria atrajo su atención. De forma muy brusca su cuello se giró para poder seguir observándola mientras el autobús avanzaba, y la marca de automóviles que anunciaba la valla publicitaria ganó de repente, y sin habérselo si quiera propuesto una nueva enemiga.
El emblema que la prestigiosa marca de coches había elegido para promocionarse aseguraba no tener que perder ni 15 minutos en recorrer grandes distancias, eran coches cómodos, eran excesivamente bellos, la curva representaba en ellos la perfección y estaban rodeados por el más sofisticado diseño y todo esto, en diferentes colores a elegir por el consumidor.

Si lo mirabas de frente, aparentaba ser un hombre serio y cumplidor con su trabajo, maletín en mano, todos los días llegaba al edificio gris en que debía estar al menos ocho horas. No sabía exactamente cómo lo había hecho para llegar a un puesto con esa importancia y no recordaba todo aquello que había pasado porque la comodidad que daba el no tener que preocuparse por el dinero había hecho que su trabajo, que en principio era eventual, se convirtiera en el centro de toda su vida.
Laura no conocía en absoluto al hombre del maletín que se dirigía al edificio gris, aunque alguna vez habían coincidido en el autobús. De haberlo conocido le hubiera partido la cara en dos pedazos nada más presentarse, con toda la confianza del mundo y pudiendo evitar de esta forma que la valla publicitaria, que llegaba desde su estática posición a miles de personas al día, fuera publicada, ya que su creador con maletín hubiera estado guardando cola de forma paciente y dolorosa en los incómodos asientos de la seguridad social.

Laura era una chica especialmente sensible si del tiempo se hablaba, no se podía hablar de perder el tiempo cuando ella estaba presente, y mucho menos poner una valla publicitaria que alabase cada segundo porque para ella había quince minutos en su vida que habían marcado al resto, y eran precisamente los quince minutos que en su momento tenía pensado invertir en algo totalmente diverso.

Probablemente fuera el aeropuerto más frenético de toda Europa ese día, el que más gente tenía, con más retrasos y con más colas en los mostradores de información. Probablemente fuera el día en que menos tiempo tenía la gente y más tiempo perdían debido a los retrasos, libros y libros fueron vendidos ese día para poder matar el tiempo y los internautas peleaban por un enchufe dónde poder cargar la cansada batería de sus portátiles. Allí estaba Laura, con sus seis horas de retraso en el vuelo y al parecer todo acababa de empezar.
Fueron mil posturas diferentes en sillas, dos libros, dos baterías del ordenador consumidas, tres colas de más de una hora, dos bocadillos, tres cafés y algunas chucherías las que hicieron que llegase el momento de embarcar y justo en ese momento unos ojos de un marrón miel intenso miraron a Laura y pidieron quince minutos para tomar un café. Habían pasado horas en el mismo aeropuerto, pero era justo ahora cuando sus miradas se cruzaban, Laura no se lo pensó ni un segundo y aunque perdió el avión y no encontró uno que la ayudase a cruzar el Mediterráneo hasta muchas horas después nunca se arrepintió de el café más delicioso del mundo.
Por esto Laura era tan susceptible con la pérdida del tiempo, por esto a Laura se le escaparon unas lágrimas de rabia al ver la valla publicitaria y por esto Laura se hubiera encarado duramente con la persona del maletín gris que se sentaba a su lado en el autobús, de haber sabido su identidad, la persona que tan orgullosa se encontraba por un acuerdo firmado y un trabajo bien hecho expuesto bien grande por toda la ciudad.

Belisa

Lo entiendo y Lo siento

Entiendo que cansa que yo viva a miles de kilómetros nada metafóricos y que un mar lleno de lágrimas dulces nos separe.
Entiendo que una única llamada o un único mensaje no son suficientes para que yo esté disponible.
Que siempre se me olvida todo lo más importante y doy una importancia absoluta a las tonterías supremas.
Entiendo que escribo esto entre millones de desconocidos, mientras me desplazo a Florencia y haciendo un hueco que mucho ha costado dedicarte, un hueco que no hemos tenido hasta ahora.
Las horas pasan muy deprisa y tú no estás dispuesto a esperar ni un segundo más.
Entiendo que no me he portado bien y no pretendo disimularlo, sino afrontarlo.
Persigo un perdón que en parte ya he conseguido y en parte nunca me he creído, persigo autoconvencerme de porqué he actuado como lo he hecho, persigo pensar cómo he podido infravalorarte cuando lo único que he pretendido siempre era que supieras que eres lo más importante, y que con nuestros más y nuestros menos has estado en todo momento desde que apareciste en una roca perdida del trastero de mi casa.
Entiende, por favor, que nunca querré un “adiós” contigo y que todos nuestros “hasta pronto” reciben siempre un “hola” rodeado de sustos, abrazos y miradas de envidia en aeropuertos perdidos de Europa.
Entiende que no somos los mismos pero nunca dejaremos de ser nosotros, que la luna siempre dará paso a un nuevo amanecer que observar de forma indiscreta.
Entiende que te quiero, que no conozco dos palabras mejores para expresar lo que siento por ti y que quizá nuestros caminos no van juntos, pero si son paralelos.
Por Irene, Lilith y Caín, que son lo mejor que hemos hecho en esta vida.
Por el cine, los comics, las novelas gráficas, las series, las discusiones, las comidas, las peleas, los lloros, por tu cama (primer y único fallecido en una lucha), las risas, los piques, y todo aquel que nos aguanta lo insoportables que somos.
Por ti, porque no te merezco, porque me entiendes y te entiendo, porque no tengo nada que decir y porque llevabas tanta razón aquella noche que no puedo más que sentirme mal y decirte que lo siento.
Alzo mi copa en alto, por otros miles de años así, como hasta ahora, diciendo siempre las cosas claras y chillando sentimientos por la ventanilla del coche.

Un beso público y padovano.